La vida es disfrute, y para mí, uno de los mayores disfrutes de la vida,



además de mi familia y mis amigos, es un buen vino con unos ricos manjares,



y en un lugar difícil de olvidar. A partir de ahora, intentaré aportar recetas,



notas sobre buenos vinos (de aquí y de allá), Gin Tonics, interesantes hospedajes,



opciones de hostelería y lugares para visitar........con sus enlaces y



lo que todos querais opinar y aportar.........



lunes, 19 de febrero de 2018

Verdinas con muslos de codorniz



Para los días de frío, qué mejor que unas ricas verdinas, esa legumbre delicada. Es más habitual encontrar recetas con marisco y/o pescado; sin embargo, en este caso nos vamos a otra de las muy buenas opciones de disfrutar de esta alubia estilosa, y es con toque de caza como las codornices.

INGREDIENTES (6 personas)

Podemos trabajar o con 600 gr. de verdinas en seco o con dos frascos de verdina en conserva.
Unos 20 muslos de codorniz.
Media cebolleta.
Medio pimiento verde italiano.
Una zanahoria.
Un tomate (que esté maduro).
Champiñón portobello.
Medio vaso de vino tinto.
Sal rosa de Jamaica.
Pimienta blanca.
Aceite de oliva virgen extra (AOVE).
Un par de hojas de laurel.
Medio litro de caldo de pollo.
Tomillo, romero y albahaca picados (o fresco para picar).

RECETA

En una cazuela grande, donde lo vayamos a elaborar, sellamos los muslos de codorniz, después de haber salpimentado, y reservamos. En ese mismo AOVE, y con todo preparado en juliana o picado, vamos incorporando la cebolleta, el pimiento verde, un par de champiñones, la zanahoria y las hojas de laurel.




El fuego ha de ser medio-bajo; tras unos minutos, retiramos el laurel, y añadimos el tomate, el medio vaso de vino tinto, las plantas aromáticas y un toque de sal. Dejamos hasta que quede todo bien ligado, y entonces lo batimos todo, de tal manera que el resultado nos servirá de base para el caldo de las verdinas.


Toca incorporar el medio litro de caldo, y ahí irán las verdinas, terminan de cubrir con agua; punto de sal y dejamos tranquilamente a fuego lento. El tiempo de elaboración dependerá de si es con producto seco (entre 2 y 2 horas y media) o en conserva (en torno a 80 minutos o algo menos).


Cuando veamos que empieza a coger buen punto la legumbre, a falta de unos 10-15 minutos añadiremos las codornices y unos trozos de champiñón.


Rectificaremos de sal, y sólo queda emplatar con gracia.



martes, 30 de enero de 2018

Masía de Cebrián : descansar y disfrutar, sin pensar en más




Hay oportunidades que hay que aprovechar, y la que nos puso a tiro Bikefriendly no la podíamos dejar pasar, y más en fecha de nuestro 20 aniversario. Teníamos la posibilidad de visitar durante un fin de semana uno de los hoteles asociados, muchos con unas muy buenas sensaciones de partida, de tal manera que tras cuadrar el fin de semana y la disponibilidad de los hoteles, la elección fue Masía (o Mas) de Cebrián, en la provincia de Teruel, en una de las zonas más desconocidas y bonitas de España.


Sin duda el acierto con la elección fue total. Se trata de una antigüa masía rehabilitada, aparentemente "en mitad de la nada", lo que le da una sensación de absoluto sosiego, pero a la vez cercana a varias poblaciones catalogadas entre los "Pueblos más bonitos de España", que más adelante mencionaré, dentro de la comarca de Gúdar Javalambre y lindando con el geoparque del Maestrazgo.



El hotel está certificado entre los únicos 12 establecimientos españoles con reconocimiento por la Fundación Starlight (enclave especial y baja contaminación lumínica, que permite divisar las estrellas), además del sello de calidad Bikefriendly, recomendación de turismo accesible "Equalitas Vitae" y en el directorio de hoteles con encanto "Ruralka". Pero lo mejor es la recomendación de los usuarios, que lo consideran un hotel perfecto para disfrutar de la naturaleza, la belleza del entorno, buena gastronomía y cercanía a la estación de esquí de Valdelinares. Por otro lado, la atención en el hotel, precioso en su concepto y decoración, fue exquisita, realizando un trabajo muy profesional y siempre encaminado a hacer que la estancia de los huéspedes sea de primer nivel.



Sus coquetas y bien equipadas habitaciones (sensacional la cama y las almohadas) convierten en protagonistas a los lindos pueblos de la zona, de tal manera que cada una de sus 12 habitaciones lleva el nombre de un pueblo (nosotros nos alojamos en Nogueruelas, con su terraza con vistas a la parte trasera donde encontrar una interesante terraza chill-out, perfecta para veladas tranquilas en épocas de más altas temperaturas. Se completa con una biblioteca donde relajarse frente a la chimenea, zona de spa (bajo reserva), diversas terrazas y zona de juegos, además de uno de los restaurantes de mayor nivel de la zona, donde disfrutar de unos platos realmente deliciosos, dentro de una carta muy variada y bien seleccionada, junto con un interesante carta de vinos, con mucho producto de la zona.







En las cercanías, además del esquí antes mencionada, se puede realizar visitas (guiadas si se desea) a los distintos pueblos, senderismo y ciclismo, practicar la caza o, según temporada, adentrarse en sus bosques en busca de la deliciosa trufa de la comarca o buena seta, destacando el robellón.


Me gustaría mencionar las amplias posibilidades que una provincia como Teruel tiene de cara al turismo, y que sin embargo no terminan de explotarse adecuadamente, ya que no es cuestión sólo de inversión privada en buenos alojamientos, gastronomía o diversas actividades, sino que las administraciones públicas han de concienciarse e incorporar recursos (no sólo económicos), que así lo potencie.





Para terminar, y a modo de reclamo para la zona, os dejo mención de varios de los preciosos pueblos que visitamos, y que a golpe de fotos dejan buen reflejo de lo que uno allí se va a encontrar. Puertomingalvo (con sus calles empedradas en cuesta y sus curiosos nombres de calles), al que pertenece el hotel, el pequeño Mirambel (con sus majestuosas casonas), Cantavieja (imponente desde la altura del barranco), La Iglesuela del Cid (llena de historia) y, sobre todo, el fascinante Rubielos de Mora (una delicia recorrer sus calles).






lunes, 11 de diciembre de 2017

Lentejas con boniato, acompañadas de pato marinado en trufa. Mis #LentejasBloggers




Muy agradecido por la invitación de la I.G.P. Lentejas Tierra de Campos, y dentro de su concurso #LentejasBloggers , no podía dejar de elaborar una receta que llegara al nivel de esta buena legumbre. Cocina tradicional con toques y reminiscencias de cierto exotismo y gusto.


INGREDIENTES (para 6 - 8 personas)

500 gr. de Lentejas de Tierra de Campos.

Magret de pato (de unos 350 gr.) y trufa negra.
250 gr. de boniato.
Una zanahoria.
Medio pimiento verde italiano.
Una cebolleta mediana.
Un bastón de apio.
3 tomates rama.
Un diente de ajo.
Aceite de oliva Virgen Extra (AOVE).
Pimienta de Jamaica.
Un vaso de bueno vino tinto (si es Syrah, mejor).
Agua.
Medio litro de caldo de puchero (podemos aprovechar de algún cocido que hayamos preparado).
Salvia, Tomillo y Romero (que sean frescos).
Azúcar moreno.

RECETA

Lo primero es cocer el boniato, que reservaremos cortado en dados. Picaremos las verduras para tenerlas preparadas.




Por otro lado, tras haber tenido el magret marinando unos 50 minutos en aceite de oliva con trufa, nos disponemos a sellarlo. Unos cortes en diagonal en la zona de la grasa (la primera en marcar en plancha, unos 3 - 4 minutos, para aprovechar todo lo que suelta) y toque ligero de sal y pimienta; vuelta y un minuto de sellado por la otra cara. La idea es que quede muy poco hecho, bastante rojo por dentro. Aprovecharemos la grasa y el aroma de trufa, que tras colar para eliminar impurezas, juntamos con el caldo.




En la cazuela donde elaboraremos las lentejas, arrancamos un sofrito con el ajo en AOVE, cebolleta muy picada, zanahoria en trozos, pimiento verde picado, al igual que el apio. Ligero toque de sal y pimienta. Añadimos el tomate, pelado y picado, junto con unas hojas de salvia y dos cucharadas de azúcar moreno.



Pasados unos 20 minutos, tras hervir a fuego bajo, trituramos todo y sobre el puré resultante incorporamos las lentejas, que estén bien limpias tras pasar por agua fría. Vaso de vino, y dejamos evaporar el alcóhol. Seguimos a fuego lento, ya toda la cocción.



Añadimos un par de ramas de romero fresco, mientras que el tomillo lo espolvoreamos; sal al gusto. Se incorpora el caldo y agua hasta cubrir sobradamente. Toca una hora y cuarto, aproximadamente.

Rectificaremos de sal, si fuera necesario. Poco antes de acabar, retiramos el romero, y a unos 10 minutos del término añadimos el boniato en dados.


En los últimos 5 minutos colocamos sobre las lentejas el magret, que terminará de hacerse y soltará cierto aroma a trufa. Lo sacamos para lonchear, ya con el fuego apagado.


Para emplatar, fondo de lentejas y boniato, con un par de filetitos de magret (si alguien lo desea, se puede pasar un poco más, aunque perdería punto y jugosidad). Adornamos con un poco de romero, por ejemplo.