La vida es disfrute, y para mí, uno de los mayores disfrutes de la vida,



además de mi familia y mis amigos, es un buen vino con unos ricos manjares,



y en un lugar difícil de olvidar. A partir de ahora, intentaré aportar recetas,



notas sobre buenos vinos (de aquí y de allá), Gin Tonics, interesantes hospedajes,



opciones de hostelería y lugares para visitar........con sus enlaces y



lo que todos querais opinar y aportar.........



jueves, 12 de enero de 2017

Roma, esa capital de más de 2.000 años, tantos como fuentes



Hace muchos años, siendo joven, casi un niño, conocí Roma por primera vez. La verdad es que no recuerdo si lancé una moneda a la Fontana de Trevi, y así según marca la tradición poder estar de vuelta en el futuro, pero lo que sí es seguro es que el acierto para este reciente viaje, en cuanto a la compañía (mi mujer y mis hijas) y la fecha (cierre del año), ha sido total.

Roma es pura historia, y no sólo por los más de 2.700 años de existencia, sino también por ser un cúmulo de rincones de la historia del cine, de la política, de momentos bélicos, del mundo gastronómico cercano, ése de las trattorias, cafés y pequeñas tabernas. Roma Antigüa y Roma Moderna, pero siempre Roma según su palíndromo : Amor.


Es una ciudad de fuentes y plazas; no hay ninguna ciudad del mundo que tenga más fuentes que ella, por encima de 2.000, y algunas de ellas todavía alimentadas por alguno de los 11 acueductos originales, como la Fuente de la Barcaza (en Plaza España), la Fontana de Trevi (monumental y sorprendente en una plaza de no grandes dimensiones) o las de la Plaza Navona.

Roma es alboroto y griterío, algo a lo que los españoles estamos bastante acostumbrados; es locura en la conducción, algo a lo que ya es más difícil acostumbrarse, con motoristas, taxistas e, incluso, policías, como si fueran los "Autos Locos".....atención extra en los pasos de cebra, y resuelto. Y es que es ciudad para caminar, admirar y disfrutar. Hay que dejarse atrapar por su ambiente, saborear con calma su gastronomía y vinos, intentar convertirte en romano por unos días.



Si se dispone de más tiempo, perfecto, pero en viajes de unos 3 - 4 días hay una serie de imprescindibles que no se han de dejar de visitar, y para los que hay que organizarse bien. Muy aconsejable un alojamiento razonablemente céntrico que permita un fácil desplazamiento, aunque fuera del bullicio para alivio del bolsillo; nosotros nos alojamos en el Hotel Gambrinus, y no me importaría repetir si volviese a la Ciudad Eterna.


Empezaré por lo último que visitamos, y lo que creo que menos poso me dejará : El Vaticano. Fue clave llevar las entradas de los Museos Vaticanos ya adquiridas por internet, dado que en caso contrario puedes sufrir un par de horas de cola para comprarlas allí, o pagar un plus de guía para entrar en grupo, lo cual no recomiendo, puesto que el tremendo gentío no hace sencillo visitar en grupos medianamente numerosos; grandes salas, enormes pasillos, imponentes obras, pero una sensación de puro negocio y de ir conducidos como borregos, no me dejó la mejor sensación del mundo. Todos íbamos buscando la Capilla Sixtina, y una vez allí, si bien resulta sorprendente, sus "limitadas" dimensiones y el tremendo aforo no permitía captar 100% los detalles; quizá en otras fechas habría sido más sencillo. Nos acercamos a la Plaza de San Pedro, realmente grandiosa, pero que deja escaso juego si no se piensa entrar en la Basílica; y no es que no quisiéramos entrar, sino que el tiempo de espera era tremendo, con una cola que daba la vuelta a toda la plaza.





El Trastévere es pura Roma, reducto para los locales, pero cada vez con mayor número de visitantes foráneos, gracias a su encanto de callecitas adoquinadas, multitud de pequeños locales para calmar la sed y el hambre, y ambiente desenfadado. Perfecto para la cena y posterior copa. Es la otra zona interesante para visitar a esta orilla del Tíber, junto con El Vaticano, y a ambas es recomendable llegar en transporte público, sea en tranvía o autobús (hay opciones desde Termini y el Centro Histórico), o en metro, aunque no en el caso de Trastévere, que sólo llega hasta el Circo Romano, al otro lado del río (desde ahí se pueden caminar unos 15 - 20 minutos).



Un paseo muy agradable es el que puedes arrancar desde la Plaza Barberini, junto a la Fuente del Tritone y observando el Hotel Bernini, para dirigirte desde allí a la parte de arriba de la Escalinata Española por Vía Sistina, continuar bordeando por debajo de Villa Medici, donde tendremos fabulosas vistas de la ciudad, hasta la Piazza Napoleone. La Piazza del Popolo quedará a sus pies, y allí nos dirigiremos descendiendo el monte Pincio; tomamos la Vía de Babuino hasta la Plaza de España, donde podremos sentarnos un rato en la escalinata o fotografiarnos junto a la Fuente de la Barcaza. No podíamos salir de tan insigne plaza por otro sitio que por la elegante Vía Condotti, con sus lujosas tiendas, para desembocar en la comercial Vía del Corso (¿cuántas tiendas tendrá?). Según avanzamos, podremos divisar al fondo el Monumento a Vittoriano Emanuelle II, sin duda imponente y antesala de la Roma Antigüa, pero antes nos desviaremos para adentrarnos en el barrio de Trevi, donde encontramos el Quirinale y, sobre todo, uno de los más bonitos e impactantes monumentos de Roma : la Fontana de Trevi. Altamente recomendable en la zona, si aprieta el hambre, tenemos Il Chianti, restaurante-vinoteca de estilo toscano, donde no se saldrá insatisfecho, y del que hablaré en profundidad en futura entrada del blog.









Vía del Corso es una importante arteria romana, por lo comercial como antes mencionaba, pero también por ser enlace entre zonas, y a la vez separación de otras. Entre esta calle y el Tíber tenemos el Centro Histórico, otro de esos imprescindibles. Infinidad de calles para pasear, multitud de iglesias que no se han de dejar de visitar, trattorias y tascas junto a alguna de las mejores heladerías, cafés bien dispuestos y enotecas que te llaman. Espléndida la Plaza Navona con sus 3 hermosas fuentes; Campo de Fiori, esa plaza mercadillo de día y zona de restaurantes y ambiente de noche; sencillamente espectacular el Panteón de Agripa, imponente por fuera, bello por dentro, y además la estructura mejor conservada de la antigüedad.




Nos queda hablar de una zona que no ha de faltar en la visita : el entorno del Anfiteatro Flavius. ¿No sabeis a qué me refiero? Tuvo capacidad para 75.000 personas y muy cerca Nerón se construyó (su figura) una enorme estatua de bronce y 40 metros de altura, que los romanos originales llamaron el coloso, y de ahí el nombre de lo que ahora conocemos como Coliseum (Colosseo). Excepto el primer domingo de mes, cuyo acceso es gratuito y no se puede reservar, lo adecuado es llegar con las entradas anticipadas o, en el peor de los casos, sacarlas en las taquillas de los Foros Romanos donde encontraremos algo menos de cola. El trayecto habitual es el que comienza en el Colosseo, sensacionales vistas fuera y recuerdos de otra época dentro, aunque mucho más si pensamos en lo que realmente era con sus empinadas gradas de mármol y la zona de arena que absorbiera bien la sangre de animales y gladiadores; se sale para dirigirse hacia el Monte Palatino tras admirar el Arco de Constatino (uno de los 3 arcos de la victoria que quedan en Roma, en la misma zona, junto al de Tito y el de Settimio Severo), pasear por los restos del Templo de Venus y adentrarse en los Foros Romanos, historia en estado puro.









En ubicaciones puntuales, y no por eso menos interesantes, tenemos la Plaza de la República, cercana a la Estación de Termini, el Monte Esquilino o la preciosa iglesia de Santa María la Mayor.

Pero no todo es hacer fotografías y visitar monumentos; cuando se viaja hay que conocer a sus gentes y su gastronomía, parte importante de su cultura y forma de ser. Por eso os dejo algunas pistas de varios buenos sitios para comer y beber en condiciones, y como en la mayor parte de Roma, a precios razonables. Uno ya os lo he nombrado, Il Chianti; en una zona muy turística como la Roma Antigüa destaca Cleto, taberna sin grandes pretensiones con comida sabrosa y cuantiosa (y bastante clientela local); no lejos de la Plaza de España, en una callecita peatonal y con una pequeña terraza, el elegante Dillá, con buen producto y elaboración, y una amplia carta de vinos, aunque a precios algo más elevados que otros locales de la zona. Y el que más nos gustó de los disfrutados, Trattoria Al Gran Sasso, cercano a la Piazza del Popolo; dividido en 2 pequeños salones, comida clásica del Lacio de muy buen nivel a precios ajustados.....pero ya os contaré más en otro post.








Pues sí, Roma pasa a ese grupo de ciudades europeas que no importaría volver a disfrutar, por lo que puedes ver, pero sobre todo por la forma de ser de sus gentes, por sus vinos, por los paseos, por una gastronomía de nivel.

viernes, 23 de diciembre de 2016

Cerrando 2016.......recordando los mejores post

Se está acabando el año, y en las fechas en las que estamos, lo primero os desearos una Feliz Navidad a todos mis amigos lectores.


Y como ocurre en muchas ocasiones, os dejo, por categorías, las que creo mejores entradas en el blog durante 2016, por si quereis recordarlas y disfrutarlas :

MEJORES RECETAS

Os dejo las 3 con las que mejor han disfrutado mis comensales, y creo que son buenas recetas para estos días que corren :


EL VIAJE

Sin duda, a una fabulosa ciudad :


#SIERRAGOURMET

Dos muy buenas opciones, de las mejores en la Sierra Noroeste Madrileña :


SELECCION DE RESTAURANTES

Donde mejor he comido, entre otros, en 2016 :


Pues lo dicho, acabad de lujo 2016, y comenzad mejor 2017


viernes, 9 de diciembre de 2016

Patatas con costillas de cerdo, al toque de hierbas aromáticas



Invierno, frío.......es momento de platos de cuchara. Entre los mismos, una solución que permite un juego muy variado, es el de los guisos de patata. Pues vamos con uno bastante clásico.

INGREDIENTES (4 personas)

Una cebolleta blanca dulce.
Medio pimiento rojo.
Un tomate rama.
Patatas nuevas (al menos una por persona).
Costillas de cerdo (a cada comensal deberían tocarle 3).
Pimentón (mezcla de dulce y picante).
Sal roja de Hawai.
Pimienta blanca.
Aceite de oliva virgen extra.
Vaso de vino blanco.
Hoja de laurel.
Unas hojas de salvia.
Romero fresco.

RECETA

Comenzamos pelando el tomate; escaldado rápido (unos segundos) en agua hirviendo, y luego metemos en agua fría (podemos añadir hielo), consiguiendo que la piel salga sola. Picamos el tomate fino, así como la cebolleta y el pimiento.


Sellamos las costillas, que queden doradas por fuera, y reservamos.


En la cazuela donde vayamos a trabajar, con un chorrito de AOVE, rehogamos el tomate, cebolleta y pimiento. Incorporamos las costillas, dando un par de vueltas, y finalmente las patatas, una vez peladas y chascadas.


Añadimos el vino, sal al gusto y un poco de pimienta (molida); rociamos con pimentón, colocamos la hoja de laurel y las de salvia, y un poco de romero picado. Cubrimos con agua y dejamos a fuego bajo.


Lo normal es que entre 30 y 45 minutos lo tengamos, pero mi consejo es ir probando el punto de la patata y conseguir que la salsa espese (un consejo es machacar un par de trozos de patata, que nos ayudará en esta tarea).



Ya sólo queda servir, y rematar con una ramita de romero de adorno.



viernes, 2 de diciembre de 2016

Londres, esa gran capital



Son ya varios años con el blog, y recuerdo con cariño aquel primer post sobre Londres, uno de los primeros al inicio de la andadura bloguera. Pues tras una nueva visita londinense, esta vez en familia y con días muy soleados para lo que se encuentra uno por aquellos lares, me he propuesto volver a escribir algo y dejaros nuevas fotos de la estancia, con alguna visión ligeramente diferente, quizá por el paso del tiempo, por la forma de visitarla o simplemente por ser una ciudad que te permite que cualquier visita sea un disfrute.


Como veis, soy muy de Londres, eso sí, como visitante. Los motivos son varios : sus mercados, sus pubs, sus parques, su ambiente, sus museos y sus múltiples rincones; pero además esta vez descubrí que en Londres se puede comer bien, si se sabe buscar.


Además de organizar bien la parte de vuelos (hay muchas y variadas opciones, pudiendo encontrar buenas condiciones si se hace con tiempo), es clave la selección de las fechas, que podrá permitirnos encontrar costes razonables de hotel, en una ciudad con elevados precios en el alojamiento. Hay muchas opciones de B&B, pero hay que asegurarse que de verdad estén bien, para evitar sorpresas. Por otro lado, mi recomendación es conseguir ubicarse en buena zona, a ser posible céntrico, que evite excesivas pérdidas de tiempo en desplazamientos. A modo de ejemplo os dejo el que fue nuestro hospedaje, el Grange Beauchamp Hotel, un coqueto y pequeño hotelito, junto a Russell Square, a pocos metros del Museo Británico, con fabuloso servicio, habitaciones no muy amplias pero suficientes, muy limpio y moderno, buen desayuno y a un precio razonable, si se gestiona con tiempo.


Hay zonas que se pueden (y deben) visitar caminando, en lo que sería la almendra central : desde el Soho, tras visitar el Museo Británico, hasta el Palacio de Buckingham, pasando por Picadilly y St. James Park; encaminarse hacia Westminster y el Parlamento, completando con una buena foto con el Big Ben de fondo; o rematando en Trafalgar Square, y quizá hacer parada obligatoria en alguno de los interesantes pubs de la zona. Pero hay mucho más para visitar y disfrutar en Londres, por eso recomiendo sacar un billete diario para el transporte público, muy completo y que permitirá llegar a cualquier rincón de la ciudad, a un precio aceptable (los billetes sencillos son muy caros); incluso hay alternativas más baratas, pero sólo si se van a estar un buen número de días.





En un par de días completos de estancia, que es lo que estuvimos, se puede aprovechar bastante si te organizas, y a la vez quedarán cosas por ver y ganas de volver. La oferta de museos es sensacional, además de gratuita en su mayoría, aunque si se están pocos días (y hace buen tiempo) yo recomiendo patear las calles, disfrutar de esas casas de estilo victoriano, parar en los pubs, disfrutar del ambiente, realizar alguna compra y sentir la ciudad de cerca.



Resulta ciertamente agradable adentrarse en sus mercados, cada uno con sus particularidades y características. Sin duda no se bebe dejar de pasar por Camden, caótico, desvergonzado, diferente, un espanto con estilo propio, compuesto por varios mercados, que parecen todos unirse en uno, esas fachadas disparatadas y únicas, la comida callejera, el tumulto, el paraíso de las camisetas; hay diversos pubs donde parar un rato, muchos con vistas hacia el canal para observar como se abren y cierran las compuertas para dar paso a las embarcaciones, con la gente sentada por el suelo con un sandwich o unas fish & chips, y nosotros elegimos uno que nos encantó, The Blues Kitchen, con fabulosas hamburguesas, entre otras viandas, y ricas y variadas cervezas, muy bien tiradas, además de actuaciones en directo por la noche.







Otro mercado, con mucho encanto, es el de Portobello, en Notting Hill, dedicado en buena medida a las antigüedades, pero con interesantes tiendas de ropa en sus alrededores. El mejor día para visitarlo es el sábado, cuando hay mayor número de puestos en la calle y sueles encontrar grupos musicales callejeros que amenizan a los viandantes. Y el tercero en liza, Covent Garden, donde dentro de una bonita construcción puedes encontrar tiendas de nivel que se entremezclan con puestos callejeros con productos variopintos, y todo en un muy agradable entorno con buen número de pubs y tiendas.










Pues dentro de Covent Garden localizamos un restaurante, en uno de sus pasillos, con precio ajustado y buena calidad. Se trata de un local del afamado chef Jamie Oliver, donde poder degustar platos diversos, con mucho color y sabor, perfecto uso y elaboración de las verduras, buenos vinos, y todo servido por un equipo joven y atento, que puede ayudarte a decidir.





Y vayamos con algunos indispensables, además de los mercados y el paseo tranquilo. Algo apartado del centro, uno no debe pasar por Londres sin dejar de visitar la Torre de Londres, con toda su historia, y cruzar el Tower Bridge, el puente más famoso sobre el Támesis. Y puesto que estamos por allí, darse una vuelta por St. Katharine Docks a ver los barcos amarrados, y observar el imponente pub Dickens, o incluso tomar una buena pinta de cerveza.




Se ha puesto de moda lo de hacerse una foto en Picadilly Circus, ese punto de encuentro de muchos londinenses, así que no puede faltar. Y tras no haberlo hecho en mi anterior viaje, esta vez nos organizamos para subir al London Eye, esa imponente noria que te permite tener vistas de Londres casi desde el cielo; eso sí, es probable que haya a quien no le compense el coste unido a que normalmente hay cola que soportar.




El Parlamento es un edificio impresionante, y resalta todavía más con la Abadía de Westminster enfrente. Y claro, el Big Ben es probablemente el reloj más fotografiado del mundo, y la verdad es que merece la pena.




Pero hay mucho más, aunque para eso hace falta más tiempo, como los citados museos, Hyde Park, Trafalgar Square, el barrio de Chelsea, la estación de Victoria, King`s Cross Station (quizá te cruces con Harry Potter), Palacio de Buckingham,...Parte lo dejamos para una nueva visita.